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50 novelas colombianas. Presentación Luz Mary Giraldo

Cabalgar desde la provincia

Luz Mary Giraldo

Sentencia en su poesía Antonio Machado que “se hace camino al andar”, y Mario Benedetti reconoce, avanzada la segunda mitad del siglo XX, que el escritor latinoamericano necesita “salir de la comarca al mundo” para conquistar otros espacios. En el siglo XIX León Tolstoy también afirmó la urgencia de universalizar la aldea. En el caso particular de nuestras letras, esto supone escribir, crear y divulgar a partir de la región, que no es lo mismo que estar obligado a ofrecer una literatura regionalista sino asumir la creación en las posibilidades del ser humano de mostrarse, vivir, estar y pensar en el mundo. Es ahí donde relacionamos este proyecto “50 novelas colombianas y una pintada”, liderada por Pijao Editores y Caza de Libros, en que tienen cabida autores de diferentes regiones y generaciones, para poner de manifiesto que han creído en lo que expresa la palabra hecha ficción y la imagen como forma de representación.

Se trata, sin lugar a dudas, con este proyecto, de rescatar, divulgar de nuevo y reconocer obras, escritores, temas, formas y tendencias que definen o caracterizan preocupaciones vigentes en la historia literaria nacional o personal. Significa, así mismo, que desde la comarca se reinvindica el oficio de las palabras y de las pinceladas, asumidos aquí como una manera de afirmar lo que puede hacerse desde lo que el llamado “centro” considera periférico o marginal. La propuesta se establece desde la provincia. Es un lugar común reconocer que el centro, foco de poder entendido como ciudad letrada y legado colonial, define el canon y determina el gusto o lo que debe ser tenido en cuenta. Muchas cosas han cambiado frente a los límites de la creación, y no siempre los más idóneos son los que definen el verdadero sentido o valor de la obra creativa. ¿No es esto lo que se percibe, como hemos afirmado en otras ocasiones, cuando en la perversa ley del mercado ciertos medios pontifican sobre determinadas obras o autores que imponen, a tenor de la moda o al transitorio éxito, a veces con la anuencia de instituciones culturales o editoriales de prestigio? Las 50 novelas con sus respectivas pinturas que hoy se entregan a la comunidad cultural implicada en el mundo de los libros, muestra ese hacer camino de la comarca al mundo: se espera que sean obras que no solamente circulen a nivel local y nacional, pues el carácter abierto de una Feria Internacional del Libro donde se presentan hace creer, permítaseme la ilusión que puede acompañar a muchos de los autores incluidos, que harán más camino al andar.

Se sale de la comarca al centro y del centro a otros lugares, para mostrar lo que somos y hemos sido desde las palabras que recogen, a la manera de cada obra y autor, tradiciones, renovaciones, estilos particulares, formas de ser, sentir, expresar y tomar conciencia de nuestra historia, de nuestros lenguajes y de nuestro propio pasar en diferentes momentos. Si los imaginarios individuales o colectivos reclaman su voz, el espíritu que define épocas, circunstancias o momentos también pide formas particulares. Sin lugar a dudas, el fervor de los quijotes gestores y responsables de este proyecto recoge esa imagen caleidoscópica que va de lo rural a lo urbano, de la historia a la imaginación, de la fantasía y el mito a la realidad, de la violencia a la pasividad, de la denuncia y el testimonio a la expectación, de la juventud a la vejez, del amor al desamor, del erotismo a la fiesta, la desolación o la contemplación, de la guerra al desplazamiento o el exilio, en fin, territorios particulares del desasosiego en los que la urgencia de escritura alimenta la ficción y, en ciertos casos reflexiona sobre el oficio. Al publicar y agrupar estas obras se deja testimonio de un quehacer, en el que por alguna razón sobresalen voces masculinas. Muchos de los no incluidos, lo sabemos, dependían de sus editores y otros compromisos, pero de alguna manera están, han estado o estarán.

Con todas y cada una de estas ficciones, unas más conocidas que otras y algunas de ellas ampliamente representativas de ciertas tendencias, el lector deberá ordenar e interpretar preocupaciones. Es claro que el reconocimiento a la deslumbrante obra de Gabriel García Márquez (que se utiliza en la selección como paradigma, al referirse aquí a las generaciones posteriores) hizo de él una figura tutelar que llegó a eclipsar voces importantes y representativas de nuestras letras. Hubo quienes lo emularon y siguieron, hubo quienes fueron ignorados, como también hubo quienes que sin desconocer la grandeza de su universo buscaron deslindarse y construir mundos y seres de ficción diferentes. El reto, como pasó con otros grandes del boom latinoamericano, fue trazar otros caminos e intentar ser contemporáneos, lo que muchos asumieron con una particular toma conciencia de la escritura relacionada con la experiencia profunda de ser partícipe de la ciudad y de los atropellos de la historia. Mucha literatura ha transcurrido desde que se fundaran hiperbólicos mundos míticos y legendarios, así como muchas cosas han sucedido en la historia nacional o mundial y en los derroteros formales de la contemporaneidad.

De la tradición a la renovación, del deslinde a la ruptura, o de la asunción del presente como experiencia individualizada local y global, se percibe en gran parte de la ficción de los últimos tiempos. Una lectura de este amplio corpus permite una sugestiva travesía que va del descubrimiento al presente: en algunos casos se viaja por el tiempo al retomar la historia como una forma de revisitar el pasado, como en aquellas obras donde se reingresa a la Conquista o el siglo XIX, al encuentro con personajes fundamentales de otro tiempo o de otros lugares, a la vivencia de las guerras mundiales y el tormento del exiliado que arrastra consigo una herida que no cicatriza. En otras, se revive la violencia política de medio siglo, aquella en la que está implicado el horror infringido por unos seres (in)humanos a otros, o en la que el autoritarismo político, religioso o ideológico se impone, deslizándose una con otra del campo a la ciudad y de una década a otra sin redención posible. También la de la indiferencia social en las ciudades, la de la nueva moral del sicariato y del narcotraficante, o la de la ciega y arrasadora fuerza destructiva de una naturaleza indómita que impone su tragedia. Ese regodearse en escarbar en la historia del campo, la provincia o la ciudad en juego con la muerte, también tiene su correlato en el amor y la ternura, como se encuentra en una de estas novelas. Se trata, de alguna manera, de situarse desde el oficio frente al mundo.

Sería notable encontrar lo que a propósito de la conciencia creativa señala Doris Salcedo al afirmar la necesidad del artista de “ser una persona con una cierta estructura”, y cada obra “tener un grado de investigación alto, para poder llegar a contar una historia más compleja, no tan simplona, no tan elemental. Entender la complejidad, que hay muchas capas” . De ahí que siguiendo a Guilles Deleuze, Salcedo destaque la condición del artista contemporáneo de servir de conector de tiempos, temas y lugares, en un juego de entrecruzamiento de ideas afines; de ahí, también, la urgencia de destacar que “la obra es una especie de afirmación de la vida, no importa cuán miserable fue”, pues lo que finalmente interesa es mantener “la responsabilidad de recordar”.

De lo anterior se colige, y esperamos que esto sea también motor de los autores incluidos en esta colección, que la creación implique aprendizaje constante y reflexión sobre la vida, la historia, la propia experiencia y la creación misma, es decir, una constante toma de conciencia. No se escribe y publica para ser famoso; algo de acción debe haber en este compromiso creativo: se escribe para revelar y/o rebelarse, para preguntar e intentar respuestas. Es ahí donde el autor se encuentra con el lector. A Ediciones Pijao y Caza de libros, a sus quijotes, gracias por este reconocimiento a los entes y seres de ficción encarnados en parte de nuestras letras. Que estas Cincuenta novelas y una pintada, sean puerta de entrada a otros autores y géneros que también nos representan. A nombre de todos, creadores y lectores, muchas gracias. Y como Quijote y Sancho, sigamos cabalgando, hagamos camino.

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