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Los nuevos novelistas colombianos
Carlos Orlando Pardo

Se entiende por nuevos novelistas colombianos no sólo aquellos que podrían cobijarse como de la última generación de narradores en virtud a una edad más o menos semejante, sino a los que empiezan a publicar sus primeras novelas en los años que lleva este siglo.

Frente a ellos, las revistas y los periódicos de mayor circulación especulan con un nuevo Boom de la literatura colombiana y si se refieren a los más jóvenes, los califican como los de una producción más a tono con la complejidad urbana, ausente de todo ruralismo y realismo mágico, mítico y maravilloso y hasta los definen como los que le ofrecen “un largo adiós a Macondo”, de acuerdo a la crítica Luz Mery Giraldo.

Lo cierto es que estos autores venden y no sólo en el país sino en España, en cuyas editoriales los publican, tal como ha ocurrido con García Márquez o Álvaro Mutis para citar sólo los grandes ejemplos. En general son muchos los jóvenes que están escribiendo y no se trata apenas de las expectativas que despiertan sino que en forma real existen varios nombres con novelas de impecable factura literaria.

El inventario nos ofrece un número más o menos de 20 novelistas, entre cuyos nombres no están sólo los menores de 40 años, sino los de más edad como Daniel Samper Pizano, Darío Ortiz Vidales, Héctor Abad Faciolince, Piedad Bonnet, Laura Restrepo, Guillermo Hinostroza, Jaime Alejandro Rodríguez y Hernán Estupiñán, hasta los menores como Jorge Franco, Mario Mendoza, Santiago Gamboa, Sergio Álvarez, Enrique Serrano, Antonio García Ángel, Fernando Quiroz, Efraín Medina, Alonso Sánchez, Juan Gabriel Vásquez, Antonio Ungar, Álvaro Robledo y Ricardo Silva.

Buena parte de ellos, en particular los de la nueva generación, cuenta con propuestas para llevar al cine sus novelas, han ganado premios nacionales e internacionales en el género y tienen formación en escuelas cinematográficas. De otra parte han ejercido el periodismo, han vivido o viven en Europa y en Estados Unidos, cuentan con formación académica universitaria y tocan temas desde los tiempos de la antigüedad hasta los más recientes que invaden el modo de vida del país, sin que escape por supuesto la violencia en sus diversas formas.

Hasta aquí no es mucho lo que se diferencien de la generación anterior, puesto que no es raro tropezarse con las mismas características en no menos de otra veintena de narradores encerrados bajo la bautizada por Isaías Peña como la Generación del bloqueo o del Estado de Sitio, es decir, aquellos nacidos entre los años 40 y 50 del siglo XX.

Lo cierto es que las declaraciones de los gerentes editoriales coinciden en afirmar que existe un renacer de la literatura nacional, en particular de su narrativa, la que tiene un campo abonado gracias a autores de consagrado relieve, precisamente aquellos que conforman la generación de Gabriel García Márquez y algunos de los que le sucedieron.

Los comentaristas, de todos modos, expresan que frente a otros países de América Latina, es en Colombia donde se refleja de manera más nítida el proceso de renovación literaria, sin que por ello pueda afirmarse que el nuevo movimiento de novelistas tenga características propias y uniformes, sino que, por el contrario, presenta una notable diversidad de estilos y temáticas.

La crítica Luz Mery Giraldo declara que esta generación multimedia está formada en esencia por la cultura de la imagen y que se relaciona con recientes seriados de televisión, el nintendo y el atari, la navegación por internet y los hipertextos.

QUÉ DICEN LOS NUEVOS NOVELISTAS SUS CARACTERÍSTICAS

Las ya muchas declaraciones de nuestros nuevos novelistas, en particular los jóvenes, nos llevan a entender cómo se diferencian inclusive de la generación inmediatamente anterior, entre otras cosas porque “no los descresta la píldora anticonceptiva, no los conmueve Violeta Parra ni los trasnocha Fidel Castro”.

Una ojeada a sus declaraciones donde se encierra parte de lo que piensan algunos de ellos, puede ofrecernos un panorama inicial. Antonio García Ángel señala que “cada vez hay menos reflexión y más acción, menos lirismo y más presencia del lenguaje de la calle. Las cosas no se dicen sino que se ponen en escena, un personaje no piensa sobre su hastío sino que lo vive”. Álvaro Robledo afirma que “los temas de la nueva generación pueden terminar siendo recurrentes pero tenemos maneras muy distintas de enfrentarlos”. Antonio Úngar declara que “entre los escritores jóvenes hay más diferencias que coincidencias. Excepto lo inevitable: la violencia y la desazón por lo que está ocurriendo”. Fernando Quiroz, por su parte, dice que “era inevitable que el rock, los carros bomba, el sida y la internet cambiaran la manera de escribir”.

En fin, se trata de un fenómeno nuevo pero no por lo jóvenes sino por la forma en que abordan su oficio, lo que genera señales particulares. Se evidencian entonces la profesionalización del oficio de escribir a edad temprana, el generar un renacer del antiguo matrimonio entre literatura, cine y televisión, el resultado de que casi todos se estacionan en las nouvelles, buena parte desarrollan el accionar de sus obras en países distintos al nuestro, parten de su figuración en concursos nacionales o internacionales del género, cuentan con traducciones y su aceptación en importantes editoriales, sobre todo españolas, lo mismo que la experiencia de vivir o haber vivido en el exterior, contar con títulos académicos en literatura o cine y ayudarse al figurar con frecuencia en grandes medios como columnistas o colaboradores.

En España, por ejemplo, al vivir allí cinco de los nuevos narradores, se les califica no sólo como un “nuevo capítulo de Barcelona” sino, nada curioso, como una generación de la violencia, al fin y al cabo la línea que han tenido que cruzar las diversas generaciones colombianas. Porque así tengan otros temas que antes no existían en la temática de los novelistas anteriores, los sigue marcando el marginamiento, la violencia y la muerte, abordadas desde la ironía, el humor, el hipertexto y un lenguaje vívido y contemporáneo.

En Barcelona viven Juan Gabriel Vásquez, Antonio Ungar, Álvaro Robledo y Arturo Bolaños, así como de la generación anterior permanecieron allí varios años Héctor Sánchez, Oscar Collazos, R.H. Moreno Durán, Luis Fayad, Hugo Ruiz, Manuel Giraldo- Magil, Ricardo Cano Gaviria, Carlos Orlando Pardo, Guido Tamayo y Sonia Truque. Finalmente es bueno advertir cómo buena parte de la generación anterior que ya está por encima de los 50 y en ocasiones de los 60 años, continúa vigente publicando sus textos. No es sino ver los casos de Oscar Collazos, Arturo Alape, Gustavo Álvarez Gardeazábal, David Sánchez Juliao, Rodrigo Parra Sandoval, Benhur Sánchez o Juan Gossaín, entre otros.

Pareciera que parte de la huella y la conducta dejada por el Boom latinoamericano comenzara a repetirse, puesto que en la misma Barcelona duraron muchos años la mayor parte de ellos. Todo por ser este puerto un centro editorial y una puerta abierta para el resto del viejo continente, a más de convertirse en una especie de plataforma desde donde dispararon sus obras para toda América latina. Resulta entonces curioso que en el rechazo que dicen ejercer sobre sus antecesores terminen pareciéndoseles, y no es extraño, al examinar sus textos, salvo la temática, ver sin esfuerzos que las diversas técnicas narrativas de aquel grupo se reencauchan con modificaciones.

El asunto plantea un natural sentido de la evolución y desde luego que no se trata de un defecto si se acogen las buenas experiencias, mucho más cuando por su juventud y su formación no cuentan con la carga de la provincia sobre sus espaldas, al tiempo que su punto de referencia sobre el lugar de origen es apenas accidental. Todo lo enumerado y ya contando el esfuerzo que hacen para no repetir exactamente una serie de recursos narrativos que fatigan, lo que sí queda al descubierto es que gozan de una nueva sensibilidad frente a los eternos temas de la literatura.

Algunos creen que por ser nuevos en lo cronológico son necesariamente postmodernos, pero no escasean los ejemplos de los simplemente tradicionales, lo que no es una falla desde que sepan narrar bien una historia. Otros, buena parte, por la disciplina de su búsqueda, no escapan a la gracia de abordar el experimentalismo formal de una manera más clara y sin timideces.

Frente a la otra realidad que tenemos al frente a comienzos del siglo XXI, sí es claro que para la mayoría hay una superación de la concepción tradicional y se construye un nuevo tipo de obras con un diseño, montaje y producción discursiva donde lo tecnológico genera la lucha entre los viejos y nuevos literatos, tal vez como una nueva versión de la querella entre antiguos y modernos. Al vincular muchas veces la tecnología al discurso narrativo, se vincula un proceder entre el arte y la ciencia-me refiero al hipertexto-o la más reciente de la palabra frente a la imagen y la de la imprenta frente a la electrónica. Segunda Parte

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